sábado, noviembre 12, 2005

LOE?

El artículo 16 de nuestra Constitución establece la aconfesionalidad del estado. Es decir, no hay iglesia establecida ni religión oficial, y por tanto, todas las instituciones públicas y, especialmente, los centros docentes públicos han de ser ideológicamente neutrales. Pero, esta neutralidad no excluye el derecho de los padres a elegir para sus hijos la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones, según recoge el artículo 27.3 de nuestra Carta Magna.
Los padres deben tener la posibilidad de elegir entre un centro privado de carácter religioso o un centro público, pero si es ésta última su elección, la administración también debe garantizarles a los padres que lo requieran, una formación religiosa dirigida a sus hijos.
A pesar de la aconfesionalidad del Estado español, los poderes públicos deben tener en cuenta las creencias religiosas de los españoles, que se consideran por la Constitución como socialmente relevantes. El Estado debe también cooperar con las confesiones religiosas, y en particular, con la Iglesia Católica, dado el gran número de fieles de esta religión.

La reforma de la Ley Orgánica de Educación mantiene como voluntaria la asignatura de religión, pero no como evaluable. Ya que "la asignatura de Religión no debe condicionar el futuro de los estudiantes a la hora de decidir su futuro si quieren ser matemáticos, médicos o abogados", según palabras de la vicepresidenta del gobierno, Teresa Fernández de la Vega.
Esta no calificación, trae implícita la consecuencia muy probable de que un alumno decida no perder el tiempo estudiando una asignatura cuya nota no va a contar para el futuro, para su currículo o para la media de acceso a la universidad. Es decir, no mengua la libertad religiosa, pero sí se le pone cierta traba, porque no se equipara con cualquier otra asignatura, no se le da la misma importancia. De esta forma se está “promoviendo” la no asistencia a dicha asignatura, ya que, un adolescente tendrá que estar muy motivado para acudir a una clase y estudiar una asignatura que no le da incentivos en forma de calificaciones.

Otro tema polémico dentro de esta reforma es el estatuto jurídico-laboral del profesorado de Religión. Los profesores que antes cobraban del Estado pasarán a hacerlo de la Iglesia. Algo que resulta paradójico, ya que se convertirán en trabajadores privados que trabajan para una escuela pública, y la Iglesia se convertirá en una especie de empresa de trabajo temporal, como denuncia la APPRECE (Asociación Profesional de Profesores de Religión en Centros Estatales). Todo esto supone un aumento en la precarización del empleo y una marcha atrás en el estatuto del trabajador.

Esta reforma de ley ha conseguido crispar al episcopado y a CCOO, y ambos se quejan de lo mismo, de que el gobierno no les ha avisado para negociar. La cuestión sería que se unieran para ver si llegan a un pacto que satisfaga a todas las partes implicadas.


Este texto lo escribí por cuestiones académicas. La LOE lleva detrás muchos más problemas que si debe existir o no la asignatura de religión. He oido opiniones de todo tipo que quiten radicalmente la religión o que la pongan como asignatura extra escolar. Dentro de este tema me parece paradógico una cosa, mucha gente que se manifiesta de izquierdas o que sus padres son de izquierdas, han estudiado o estudian en colegios católicos, y no estoy hablando de hijos de políticos, si no, gente de la calle... por qué? por qué eligen una escuela que no coincide con su forma de pensar?? creen que van a recibir mejor educación o más disciplina???
aparte de este tema, y aunque nos pese, la educación va cada vez a peor, y no depende de un partido político u otro. Yo creo que mis hermanos mayores tuvieron mejor formación que yo, estudiando en los mismos colegios, creo que ellos aprendían más, y era porque les exigían más. Incluso, cuando sales a la calle, ves que algo no funciona. No tienen nada que ver las generaciones anteriores con los chavales que ves ahora de 15 años. No creo que tengan una escala de valores. Su máximo interés es sacar pasta a sus padres para comprar ropa de marca, para divertirse o hablar por el móvil. Ojalá me equivoque, pero es lo que veo cuando salgo a la calle, falta de civismo y educación. Cada vez hay menos respeto, menos disciplina...cuando yo empecé la universidad iba con miedo porque era un mundo nuevo, ahora parece que vayan a un capítulo de "al salir de clase".
Y yo, como dicen los humoristas argentinos, sirvo solo como mal ejemplo...pero aún así lo veo,
creo que poco a poco, la educación se está convirtiendo en un "coladero de lerdos", se está intentando igualar por abajo.
Claro, otro discurso aparte merecería hablar de lo que hacen los padres, que algunos también deberían educarse, o de la violencia en las aulas, entre alumnos y entre los alumnos y los profesores.
Por mi parte, yo he tenido que sufrir un cambio de plan, he estudiado por plan antiguo y por plan nuevo la misma carrera, señal de que soy muy hábil (ya he dicho que sirvo como mal ejemplo) o de que me gusta mucho(y esto no lo creo). Pues bien, el plan nuevo me parece mucho más fácil para el alumno pero se aprende mucho menos. Son asignaturas cuatrimestrales, donde no da tiempo a nada. Las asignaturas que yo daba en un año ahora las reducen a cuatro meses. La pregunta del millón, cúal es mejor? depende, depende de si quieres formarte o aprobar...

2 Comments:

Blogger D!aBLo said...

Nuestra Constitución Española de 1978, fruto del consenso y frecuente ejemplo de una transición pacífica de una dictadura a una democracia es un ejemplo, o al menos eso te dicen en las aulas, de la voluntad de acuerdo que tuvo lugar en el periodo pre-constitucional para dar entrada a los derechos y libertades que la dictadura franquista había negado y perseguido. Por ello la libertad ideológica, religiosa y de culto quedó entre los artículos que, bajo el título primero, capítulo segundo, sección primera, son directamente invocables ante los tribunales.
Ahora bien, este derecho obliga a los poderes públicos a tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantener las relaciones de cooperación con las diferentes confesiones. Cabe preguntarse pues, cuál es el alcance de esta obligación cuando por otra parte y, dentro del mismo artículo, se señala expresamente que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. ¿Significa esto que los pactos que debe llevar a cabo el Estado, en atención al mandato de cooperación exigido en el texto constitucional, deben alcanzar a financiar en su casi totalidad todas y cada una de las confesiones religiosas, incluida la Católica? ¿Significa eso que la escuela pública de un estado aconfesional debe pagar los profesores de religión elegidos por las confesiones, en la mayor parte de los casos, de la Iglesia Católica?
Es cierto que nuestra Carta Magna obliga además a los poderes públicos a garantizar el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa que estimen conveniente, pero ello no debe ser sinónimo de que ésta deba impartirse en las escuelas así como tampoco puede equiparse al resto de materias. Si el hecho de que no se tengan en cuenta a la hora de sacar la media las calificaciones obtenidas en la asignatura de religión va a provocar el absentismo escolar en dicha asignatura por abulia del alumnado, algo estará fallando por cuanto una asignatura de estas características no suscita el menor interés ni siquiera al alumno que, en el seno de una familia católica (o la que se trate) no encuentra razón para asistir a dichas clases. Téngase en cuenta que no estamos hablando de literatura o matemáticas, no se trata de conocimientos que el alumno pueda gustar más o menos en función de sus inquietudes intelectuales, estamos hablando de las creencias, del culto, de los interrogantes y respuestas religiosas. Con ello, quiero decir que si esta libertad religiosa y la consiguiente obligación del estado de garantizar a los padres que sus hijos reciban una formación adecuada con sus creencias, tiene esta especial protección por el hecho de tratarse de creencias que afectan a la esfera personalísima del individuo, no puede exigírsele además al Estado, que vaya más allá en su protección para obligar al alumno a plantearse su interés y sentir religioso. No garantiza la Constitución el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación literaria o matemática, habla de formación, educación, principios y valores, y luego separa la formación religiosa. Esta especial distinción obedece, como decía, al hecho de afectar a una parte íntima y un sentir espiritual que el Estado democrático debe garantizar, ahora bien, ¿Hasta donde llega esta garantía? Desde mi punto de vista, el Estado debe garantizar que se respeten las creencias religiosas y los cultos, entre sí y entre ateos y creyentes, debe garantizar que aquellos padres y madres que deseen dar a sus hijos una formación religiosa, puedan hacerlo, pero ello no obliga a que sea la escuela pública la que deba ofrecerlo ni mucho menos a que, en caso de que lo haga, la nota sea tenida en cuenta. Como decía, si el temor de la Iglesia es el absentismo escolar en una materia como la de religión al suprimir el valor de sus calificaciones, ésta debería plantearse qué lleva a un alumno en el seno de una familia católica, a desinteresarse por los contenidos religiosos.

Por cierto, y termino porque me estoy enrollando demasiado ya, que la Iglesia católica suscribió un pacto con el Estado por el que se obligaba a AUTOFINANCIARSE, de manera progresiva de modo que las aportaciones del Estado se fuesen reduciendo. Lejos de materializarse, se han ido incrementando dichas aportaciones, ya por vía directa- el Estado entrega a la Iglesia tanto- o indirecta - casilla IRPF.

Sin embargo, en algo coincidimos: Algo falla en la educación más allá de la integración de la religión en el currículo escolar, algo falla en una sociedad cuyos hijos de futuro se abandonan a secar sus mentes al sol de un Sunny Deligh o una vitamina Vodafone Life. Algo falla en el civismo, en la cultura, en el sistema. Algo está pasando y reventará...

11:05 p. m.  
Blogger lafotografaciega said...

Diablo, lo que pienso ya lo he explicado antes, la religión debe ser voluntaria, pero si se cursa debe ser calificada, creo que es lo justo y que todas las asignaturas deben ser tratadas por igual. A mí me parecía una "maría" educación física o pretecnología y aún así me contaba como nota. También creo que debe existir una asignatura para los que no hagan religión, que enseñen ética o civismo o lo que quieran. Aparte, de todo esto, estoy de acuerdo con que la religión te la enseñan en la iglesia o tu familia, ya que pertenece a la esfera de lo privado, pero también estoy con la constitución y creo que se debe asegurar q a cada uno la enseñanza que quiera laica o religiosa.
Sobre la financiación...la iglesia católica se comprometió a financiarse en unos acuerdos que firmó con España en el año 79, que también se recogen en la CE en los art. 93-96, creo. Y estoy totalmente de acuerdo, lo que se promete se debe cumplir. El estado da a la iglesia cerca de 141 millones de euros, de esa cantidad se resta lo del IRPF. La cantidad que se recauda con la renta es inferior y por tanto, la diferencia la paga el estado. Una solución que se ha dado es subir la aportación de cada uno, del 0,5 a 0,8. No creo que sirviese de nada, porque cuatro de cada diez eligen la casilla de la iglesia.
Pienso que debe llegar a la autofinanciación, aunque lo veo bastante difícil. La iglesia necesita mucho dinero pero también recibe mucho dinero por medios públicos y privados. Sólo me gustaría saber si ese dinero está realmente invertido en fines "correctos".

9:21 a. m.  

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