jueves, diciembre 06, 2007

Pagliaccio

Semejaba en el aire una paloma,
exacta, cautivaban sus piruetas,
sobre todo efectuando una maroma
al nivelar sus bamboleantes… tretas.
Yo era sólo un lacayo de la broma,
fingiendo enharinado o tras caretas
que mi fiel corazón era de goma,
inmune a sus miradas más coquetas.

Prendado, un rezo alzaba desde el suelo
cuando en una función, junto a la pista,
los celos me clavaron su cruel zarpa
al ver que el hombre-bala en pleno vuelo
se raptaba a mi amada trapecista
en un salto mortal que hendió la carpa.



Melpómeno

Este alegre dolor de ser tan triste
Carilda Oliver Labra


Yo sufro con anómalo cariño
este alegre dolor de ser tan triste,
a esta jaula de pájaro me ciño
bien avenido a mi ración de alpiste.

Aunque a veces, eufórico, me riño,
mi esencia melancólica persiste.
El trágico que soy saca un corpiño
de corista: combino drama y chiste.

¡Qué se ha de hacer! Histrión de baja estofa,
repito mi papel sin pretensiones
con cinta de medir en cada estrofa.

Triste en todo mi espectro de emociones
—vuelvo a decir con lastimera mofa—
triste en sus numerosas acepciones.



L.M. Montemayor