sábado, febrero 20, 2016

la amistad y otros demonios

Parece que nada es sencillo, o somos nosotros los que no buscamos la forma sencilla. Culpas a la gente por las mismas cosas que ellos te culpan a ti. Te vas alejando poco a poco de determinadas personas, porque ellas tampoco han hecho nada por mantener un pequeño hilillo de unión. En fin, nunca sabes si eres víctima o verdugo, maldita culpabilidad...
Pero, en fin, cuando alguien que está solo prefiere buscarse la vida que recuperar lo perdido por algo será, cuando alguien sabe que estás jodido y es incapaz de llamarte para quedar para verbalizar y descongestionar la náusea, por algo será...

Los años cambian a las personas, o en realidad, esa amistad en la que crees nunca existió. Todo se basa en interés y la supervivencia. La culpa es mía por esa idealización de la amistad.
La gente tiene una afición a llamar amigo con cierta ligereza, quizás es que yo pienso a la antigua, para decir a alguien amigo tenéis que haber compartido muchas cosas y tener toda confianza con él.

Me da pena, mucha pena, pensar que he perdido seguramente a la única persona a la que contaría mis problemas.

El mundo es frívolo y de plástico, y cuanto más mayor te haces, más sabes en quién puedes confiar y en quién no, en quién te va a escuchar y se va a callar tu confidencia y en quién no.
Pues eso, bien por esos amigos que acuden en tus padecimientos, que te intentan sacar una sonrisa, y no esperan a tu no-presencia para ponerte como a un trapo. Los hay.