Co-construir el mundo: educar para la convivencia“Mis amigos me dicen que soy muy agresivo, pero me lo dicen a gritos”, fraseó una vez el humorista Jaume Perich. Estas palabras tienen gran sentido en el estado actual en que vivimos. Criticamos el incremento de la violencia en los menores, pero a la vez es casi lo único que les ofrecemos para que se alimenten. Intentamos buscar a los culpables, pero no nos sentimos parte del problema. Decidimos que la responsabilidad es de los padres, de los medios de comunicación y de la escuela, pero no participamos en la prevención.
Muchas veces se dice que los niños son como esponjas, pues si es así: ¿cuantas veces al día perciben actitudes agresivas por parte de los adultos?. Puede ser que nosotros no seamos el mejor ejemplo para los futuros ciudadanos, no hay más que observar como nos comportamos cuando conducimos o estamos en un estadio de fútbol. Somos malos maestros en el arte de vivir en sociedad, y deberíamos darnos cuenta que se enseña a cada momento a vivir y a convivir.
Lo bien cierto, es que la violencia va en aumento, o tal vez lo notemos así porque tiene más presencia mediática. Conocemos a diario sucesos que pueden ir desde el bullying hasta el maltrato a los padres y profesores pasando por la nueva forma de violencia juvenil que es grabar peleas con móvil y luego colgarlas en la red. Esta última moda ha sido importada desde Londres bajo el nombre de happy slapping y ya se ha extendido globalmente.
Los jóvenes necesitan sentir poder, dominio, fortaleza ante otra persona, y para lograrlo no dudan en humillar, vejar o degradar. Cualquiera les puede servir para este acto, pero últimamente las víctimas seleccionadas suelen ser personas más débiles: indigentes, personas con discapacidad o niños.
Casos tan conocidos como el de Jokin, Sandra Palo, o el asesino de la katana evidencian ese aumento de agresividad en los jóvenes, nos muestran que pueden llegar a cometer graves crímenes, delitos de sangre.
Para prevenir esto, a veces no basta con educar a los niños, los padres también deberían reciclarse en su forma de comunicar, tendrían que abrir canales de comunicación con sus hijos porque cuando alguien expresa lo que siente y sabe que le escuchan es difícil que recurra a la violencia. Es muy importante la capacidad de escuchar y la comprensión, pero también la disciplina y el respeto a unas normas.
Reducir la excesiva permisividad, educar en valores distintos al individualismo y la competencia, al triunfar pisando al resto, enseñar que los caprichos no se satisfacen de forma inmediata o que detrás del esfuerzo hay una recompensa, son algunas de las indicaciones que dan los sicólogos. Es decir, todo no vale, hay que ser lo suficientemente rígidos para saber decir no.
Hay muchos padres que se sienten culpables por el poco tiempo que pueden dedicar a sus hijos, también hay otros que piensan que sus hijos no deben pasar por la escasez que han tenido ellos y malinterpretan el “cariño” dándoles todo lo que piden.
Otra recomendación es evitar que los niños y jóvenes se vean saturados con los mensajes agresivos presentes en medios de comunicación como la televisión, el cine, los videojuegos o incluso la música.
La sobrecarga de actos violentos, a la larga inmuniza a la persona y banaliza la violencia, no se le da la debida importancia y parece algo común, normal.
Desde la escuela se debe enseñar que la educación va más allá de un expediente académico. Se tiene que educar en la reflexión y en el respeto de las normas, dar importancia a valores como la solidaridad y tolerancia para llegar juntos a una buena convivencia a través de las relaciones con los demás. Es decir, no lograr solo un título, sino educar como ser social para saber convivir con otros seres sociales, educar en el civismo, diálogo y participación.
La escuela no debe quedarse en la mitad del camino, sino que debe formar al ser humano en muchas de sus facetas. No debe conseguir individuos social o éticamente subdesarrollados, al contrario tiene que procurar la plena integridad en sociedad.
En resumen, todos debemos hacer un esfuerzo a diario para reducir la violencia en nuestros pequeños espacios, pero el papel fundamental en la prevención lo tienen los padres, la escuela y los medios de comunicación.
A.M.C