lunes, junio 19, 2006

ETA NO

Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos. Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas. Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo. Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada. Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida. Miguel Hernández

miércoles, junio 14, 2006

Hay que ver como se les llena a muchos la boca con "yo soy un demócrata".
Ojalá, en vez de decirlo, lo manifestáramos con hechos, y dijéramos lo que pensamos con el voto, porque para eso dicen que se ha luchado.
Y ojalá, defendiéramos la libertad que tienen los partidos políticos no nacionalistas de hacer su campaña en Cataluña. A unos les queda la educación, a otros, ni siquiera eso.

PD: LIBERTAD

viernes, junio 02, 2006

SILENCIO, LA TIERRA HABLA



“Estaba caminando con dos amigos. Entonces se puso el sol. De momento todo el cielo era rojo sangre, y me sobrecogió una gran melancolía. Me quedé quieto y me recosté al borde del camino, me sentía muy cansado, nubes como sangre y lenguas de fuego caían sobre la ciudad y sobre los fiordos azules y negros. Mis amigos continuaron caminando y yo me quedé solo, temblando de ansiedad. Sentí como si un gran grito interminable atravesara la naturaleza”, estas son las palabras de Munch, recogidas en uno de sus diarios. Lo que vieron sus retinas fue la erupción del volcán Krakatoa, que tiñó de ceniza el cielo, y enrojeció las nubes. El desolador grito de la tierra, que pudo oírse a 4.500 kilómetros, le motivó para crear una de sus más célebres obras: El Grito.
Este cuadro es un emblema para la lucha ecológica, ya que simboliza la voz del medio ambiente amenazado, una naturaleza que habla pero que a veces el género humano no escucha.

Ese grito, a veces casi inaudible, a veces solo murmullo, esa voz olvidada la buscan muchas personas en el Jardín Botánico. Abrazan un árbol y rozan su corteza rugosa esperando escuchar su voz, intentando al mismo tiempo, poner un poco de tranquilidad en sus aceleradas vidas, conseguir parar las prisas del tiempo.
Cuando contemplas esa escena, sientes que esto funciona en parte como un quid pro quo a pequeña escala. Porque, no hay que olvidar que estamos de prestado, que la tierra nos acoge pero no nos pertenece, y por tanto, debemos respetarla, y prestarle atención cuando nos grita, porque es nuestro recurso principal de vida, y nuestro hogar futuro.

El botánico, esta gran maceta con muros de hormigón, nos devuelve a la naturaleza en medio del gris de la ciudad, nos ofrece el silencio necesario para escuchar la llamada de sus árboles. Construido en 1802, cerca de las Torres de Quart, se ha convertido en un jardín multidisciplinar, donde cabe tanto la cultura como la ciencia. A pesar de su función inicial ligada a los estudios de medicina, ahora se puede acudir tanto para escuchar jazz como para ver una exposición, y por supuesto, para observar la gran colección de palmeras y árboles que posee.

Víctor, nuestro guía, nos indica las cientos de especies que habitan el jardín. Mientras nos abre paso entre plantas medicinales, tropicales, o carnívoras, nos enseña la perfección de las orquídeas, la frondosidad de las plantas trepadoras, la aridez de los cactus, el sabor amargo del cacao o el exotismo de los nenúfares, que siempre me recuerdan a ese maravilloso libro de Boris Vian, “La espuma de los días”. Toda esta variedad de plantas se reparte en cada una de las zonas que le está destinada, desde el clima árido del desierto hasta el mediterráneo.

Pero, el Botánico también recoge una zona para especies amenazadas, son éstas mucho más frágiles que el resto de las plantas que podemos ver allí.
Son plantas que el hombre ha utilizado siempre en su vida cotidiana, y ahora se encuentran en peligro de extinción. Por esto, a ellas hay que prestarles mucha más atención, puesto que no podemos permitir que su murmullo muera.

Muchas cosas podemos aprender de este paseo por el jardín…pero lo principal es que nos demos cuenta del “tirón de orejas” que nos da la naturaleza, que sepamos escuchar el grito de ayuda que nos pide, para que podamos callarlo, no disimulándolo con más ruido, sino, conservándola y protegiéndola, para que nunca más se le oiga gritar.



11/5/06
a.m.c
Ahora, Rocíos, alegraréis los días a los de arriba.
Jurado, cantale unos fandangos "por celestiales" a quien tú sabes...