«Viejo oso gruñón», gritó una, y tenía razón. Decidí infundirme algo de valor y de humor bebiendo, pero tampoco el vino me hacía bien, apenas pude apurar el segundo vaso. Y poco a poco fui sintiendo cómo el lobo estepario estaba detrás de mi y me sacaba la lengua. No se podía hacer nada conmigo, yo estaba allí en falso lugar. Había ido con la mejor intención, pero no podía animarme, y la alegría bulliciosa y zumbante, las risotadas y todo el frenesí en torno mío se me antojaba necio y forzado.
El lobo estepario. Hermann Hesse
el lobo estepario acecha, te pones de espaldas al mundo y no soportas a nadie, todo te parece incorrecto, falso, banal, y como mejor te encuentras es con tu soledad, una soledad tan concurrida como diría el poeta, porque es difícil encontrar a alguien de cristal.
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