domingo, mayo 18, 2008

TURANDOT

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Turandot plantea la primera adivinanza; el Príncipe responde rápidamente: "Esperanza". Los ancianos abren sus rollos y comprueban. La respuesta es correcta. La segunda adivinanza tiene también la respuesta adecuada: "Sangre". La expectación de los asistentes sube de grado. Ante la tercera pregunta, el príncipe duda un momento, pero pronto responde: "Turandot". Ante la alegría de todos, el Príncipe ha triunfado. El emperador y el pueblo declaran que el juramento obliga y Turandot debe aceptarlo. Ella protesta ásperamente y pregunta al príncipe si la quiere conseguir por la fuerza, a lo que él replica que no y le ofrece, a su vez, una oportunidad de quedar libre: si descubre su nombre antes de la siguiente mañana, el Príncipe está dispuesto a morir.

En la distancia se oye a los heraldos que proclaman una orden de Turandot: "Que nadie duerma"; el nombre del Príncipe debe ser descubierto bajo pena de muerte. De repente, entra un grupo de soldados llevando con ellos a Timur y a Liu, que habían sido vistos antes con el príncipe. El Príncipe dice que ellos no saben nada, pero el pueblo no hace caso. Se pide la presencia de Turandot. Liu se adelanta y dice que sólo ella lo conoce. El pueblo pide que sea torturada; a pesar de ser sometida a crueles torturas Liu no responde. El Príncipe, presente e impávido, no interviene. Turandot pregunta a Liu qué es lo que la hace tan fuerte; ella responde: el amor. Prosiguen las torturas y aparece el verdugo. Entonces Liu dice que hablará. Predice que Turandot cederá finalmente ante el príncipe, así como su propia muerte. Y sacando un puñal se da muerte, cayendo a los pies del príncipe, sin haber revelado su nombre. Timur, desesperado por la pérdida de la muchacha, toma su mano. La multitud, ahora arrepentida, pide al espíritu de Liu que los perdone.
Salen todos, excepto el Príncipe y Turandot. Él recrimina a Turandot por su dureza, y Turandot, que al principio rechaza al pretendiente, diciendo que ella es sagrada y que no debe profanarla, acepta que él la bese apasionadamente. Profundamente consternada por haber sido vencida por el Príncipe, Turandot llora por primera vez. Y le pide que la deje, victorioso, pues aún no ha podido conocer su nombre, pero él entonces se lo dice: Calaf, hijo de Timur; ahora ella, si quiere, puede matarlo. Turandot trae a Calaf, y dice a su padre que ya conoce el nombre del extranjero: "Su nombre es Amor". El pueblo canta lleno de júbilo.