Comisario – ¿De estribo?
Loco – Sí, ¿quién de ustedes se colocó junto a la ventana, con las manos cruzadas a la altura del vientre, así, para que él apoyara el pie, y ¡zas!, tomara impulso para volar por encima del parapeto?
Comisario – Pero, ¿qué está diciendo, señor juez, no pensará que nosotros…?
Loco – No, por favor, no se altere, simplemente preguntaba…Es que, al ser un salto tan grande con tan poca carrerilla, sin ayuda de nadie…pues no quisiera que alguien dudara…
Comisario – No hay nada que dudar, señor juez, se lo aseguro. ¡Lo hizo todo solo!
Loco - ¿No había ni una de esas tarimas de competición?
Comisario – No
Loco - ¿El saltarín llevaba zapatos con tacón elástico?
Comisario – No, nada de tacones.
Loco – Bien así que tenemos, por un lado, un hombre de 1.60 escasos, solo, sin ayuda, ni escalera…por otro, media docena de policías que, pese a encontrarse a pocos metros, uno incluso junto a la ventana, no llegan a tiempo de intervenir…
Comisario – Es que fue tan repentino…
Agente – No se figura lo ágil que era ese demonio, por poco no consigo sujetarle el pie.
Loco – Oh, ya ven mi técnica de provocación funciona…¿Le sujetó del pié?
Agente – Sí, pero me quedé con el zapato en la mano, y él se cayó.
Loco – No importa. Lo importante es que se quedara el zapato. El zapato es la prueba irrefutable de su voluntad de salvarle.”
Darío Fo

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