martes, septiembre 04, 2007

Soneto ledo

Ser feliz en legítima defensa.
En contra del designio de los astros,
por hechura, por índole y sustancia,
por terquedad, y así, que Dios transija.

Ser feliz por liturgia y por encargo,
como campaña o lid contra uno mismo,
cual sanguínea codicia de ventura
o atávico y perenne juramento.

Ser feliz sin porqué y como si nada,
lo seré por antojo y por resguardo,
con mi sello, mi fe y mi patrocinio,
como razón de ser irrevocable,
por cambiar de plumaje, por curioso,
feliz porque me mando y me permito.



Fanfarria para un hombre común

Ser un hombre común es mi derecho,
con mi vivienda a plazos y mis vicios,
propósitos de enmienda y de ejercicios,
sonrisa gris y un dedo contrahecho.

Con femeninos dardos en el pecho
al amor he brindado mis servicios,
y es quizá, de entre todos mis oficios,
del que menos pensé sacar provecho.

Me abstraigo, leo, canto, voy al cine,
a veces soy -a veces- buena gente
con algunos, y no es que discrimine.
Con mañas hallo tiempo insuficiente
para lo que es, supongo, a lo que vine:
Gozar, para que conste en mi expediente.



Tristura

Los que tristeamos siempre en cada fiesta
con el tímido nombre en el bolsillo
-acaso por común, de poco brillo-
y la raya del pelo descompuesta,
comúnmente sentimos que molesta
nuestro saludo insípido y sencillo,
de pie con una copa, en el pasillo
lo más lejos posible de la orquesta.
Ajenos a la magia del gentío,
línea territorial de humo y perfume
y el oblicuo mirar de las extrañas.
Aunque no falta un raudo escalofrío
que hace que el corazón se nos desplume
ante el llamado audaz de unas pestañas.




L.M. Montemayor