martes, noviembre 17, 2015

Unidad de quemados (punto final)





Éramos unos cantos rodados. Teníamos la juventud de nuestro lado pero no el futuro. La vocación y el desencanto igualaba la balanza de los sueños, aunque ésta ya empezaba a preferir el lado de la desesperanza.

"Los Sin Futuro" decíamos entre risas, y hasta gozábamos de nuestro propio manifiesto. Ni trabajo, ni dinero, ni casa, ni hijos, sabíamos perfectamente que era demasiado complicado conseguir algo de esto: nuestras familias no nos habían aportado un apellido compuesto y el único oro que teníamos lo llevábamos en nuestra dentadura.
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martes, noviembre 10, 2015

moldeando unidad de quemados




¡Abajo el Burda, viva el proletariado!



(...)
 Mi querido patrón me insinuó, un día y otro también, que sufría de susceptibilidad, como si eso se pudiera quitar con Hemoal; y a palo, sin un digestivo, me llamó manipuladora mientras hacía piruetas con mi actitud.
(...)
 Otro día, va y me dijo que no sabía si realizaba las horas que cobraba. Sí, me merecía una doble ración de sales o un ciempiés de chupitos, que tanto monta…Bueno, por lo menos, ya no te recordaba que por 600 reales tenía a cualquiera dispuesto a perder un día entero ladrando a la luna, sabiendo que nunca la iba a alcanzar.
(...) 
 A mi patrón no le tengo rencor. Tengo incapacidad para odiarle. A pesar de comerse todas las fichas del parchís y no preguntarme: ¿Quieres una nueva partida?. A fin de cuentas, buena prisa se había dado en prepararlo todo para mi escueto funeral.
(...)
Mi funeral, ya lo he dicho, fue breve, sin lágrimas y celebrado por todos. Al patrón se le antojó aquello de: “te aprecio mucho”. Qué verbo más absurdo, apreciar, como si yo fuera un primo desconocido o una lata de atún.
(...) 
No entiendo ni el verbo apreciar ni el sustantivo caridad. Son: medio palabras, intenciones, banalidades o parches a la conciencia.
(...)
Siguiendo con mi pusilánime funeral, por allí no apareció ni el compañero del que yo había hablado a favor para que lo cogieran en la empresa, y que más tarde (en minutos, allí el tiempo corre muy deprisa) se convirtió en mi jefe. Ese mismo que me dijo un día: “Lo hago por tu desarrollo profesional”.
Los demás tampoco acudieron a la despedida, no iba a ser aquel el día en que no triunfara la indiferencia.

Si lo piensas, hasta me ningunearon en mi funeral… ¡y eso que era la muerta!”
(...)


domingo, noviembre 01, 2015

nunca cerrarás una conversación en la que siempre queda una pregunta pendiente...