moldeando unidad de quemados
¡Abajo el Burda, viva el proletariado!
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Mi querido patrón me insinuó, un día y otro también, que sufría de susceptibilidad, como si eso se pudiera quitar con Hemoal; y a palo, sin un digestivo, me llamó manipuladora mientras hacía piruetas con mi actitud.
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Otro día, va y me dijo que no sabía si realizaba las horas que cobraba. Sí, me merecía una doble ración de sales o un ciempiés de chupitos, que tanto monta…Bueno, por lo menos, ya no te recordaba que por 600 reales tenía a cualquiera dispuesto a perder un día entero ladrando a la luna, sabiendo que nunca la iba a alcanzar.
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A mi patrón no le tengo rencor. Tengo incapacidad para odiarle. A pesar de comerse todas las fichas del parchís y no preguntarme: ¿Quieres una nueva partida?. A fin de cuentas, buena prisa se había dado en prepararlo todo para mi escueto funeral.
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No entiendo ni el verbo apreciar ni el sustantivo caridad. Son: medio palabras, intenciones, banalidades o parches a la conciencia.



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