lunes, diciembre 28, 2015

Llega un punto en que por las interpretaciones equivocadas, las dudas, por la seguridad o la falta de ella, te empiezas a hacer un cacao mental de dimensiones épicas. No sabes si la que estás haciendo daño eres tú, o eres una ilusa.
Intentar mantener una conversación coherente con un borracho es harto difícil, más que nada, porque no sabes si lo que dice es fruto de alcohol ingerido, o es precisamente el alcohol lo que le ha envalentonado. Ese tipo de dudas que te hacen sentir como una mierda, porque o quedas de soberbia (porque no das juego y parece que hieras sus sentimientos), o quedas de gilipollas cuando al día siguiente te dice: "no me acuerdo de nada", o de ilusa, porque sus pretensiones iban por otro camino. Por eso, las conversaciones metafísicas y existenciales hay que tenerlas sobrios, o si se tienen tocadas de ebriedad, volverla a repetir en un estado no etílico...sobre todo, cuando hay distintos estamentos y aditivos.

No volvió a tocar ese tema, así que, su silencio ya era significativo. Tampoco me paró cuando me fui.

(yo y mi manera de darle cien vueltas a las cosas, y de como saco de un pequeño momento el problema más grande jamás contado. Pero, es que los sentimientos son algo tan sagrado, no juego con los de nadie porque no me gusta que jueguen con los míos. Qué me ibas a querer si no me conoces de nada...Proceso: mono bufón.)

En fin, estoy hecha entre mierda y lío, lío y mierda, que tanto monta...
¡Qué manera de complicarme la vida!



PD: sí, cada vez tengo más claro que ahí me cavé mi tumba, que a partir de ahí mi situación iba a ser de muerte cerebral, no iba a mejorar nunca mi situación laboral en esa empresa, si acaso, a peor...